jueves, 16 de marzo de 2017

Vivir bellamente Ven. Pema Chödron


ENVIADO POR CATALINA

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Vivir bellamente Ven. Pema Chödron

El voto del bodhisattva, Ven. Pema Chödron.
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 “Comprometerse a actuar en beneficio de los demás se denomina tradicionalmente “el camino del bodhisattva”, el camino del héroe y la heroína, el camino del guerrero espiritual, cuyas armas son la gentileza, la claridad de la mente y un corazón abierto. La palabra tibetana para guerrero, pawo para un guerrero masculino y pawmo para una femenina, significa “el que cultiva la valentía”. Como guerreros en formación nosotros cultivamos el coraje y la flexibilidad para vivir con la incertidumbre y el temible y delicado sentimiento de la ansiedad por no tener nada a lo que aferrarnos, y para dedicar nuestras vidas a ponernos a disposición de cualquier persona en cualquier situación.
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El compromiso de cuidar unos de otros, se suele describir como un voto para invitar a todos los seres sensibles a ser nuestros huéspedes. La perspectiva puede resultar sobrecogedora. Significa abrirle la puerta a todo el mundo, no solo a la gente que nos gusta, a la que huele bien o la que consideramos “adecuada”, sino también a los violentos, a los confundidos…, a la gente de todas las formas, tamaños y colores, a personas que hablan  en diferentes lenguas y a personas con muy distintos puntos de vista. Asumir el segundo compromiso significa albergar a un grupo heterogéneo dentro de nuestro propio salón, todos y cada uno de los días, hasta el final de los tiempos.
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Inicialmente la mayoría de nosotros no estamos nada preparados para comprometernos con todo eso, para lanzarnos de un salto y sin reservas a un terreno tan inestable. Pero si sentimos la necesidad de aliviar el sufrimiento, ¿qué podemos hacer?. Podemos invitar a todo el mundo y abrirles la puerta a todos, pero abrirla solo un poco al principio, lo que podamos en ese momento, y darnos permiso para cerrarla cuando nos sintamos incómodos. Pero nuestra aspiración es volver a abrir la puerta de nuevo y mantenerla abierta unos segundos más que la vez anterior.
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Si practicamos así, los resultados pueden resultar sorprendentes. Al abrir la puerta gradualmente, no intentar abrirla de par en par de golpe, nos vamos acostumbrando al sentimiento de temor que experimentamos cuando empieza a llegar a la fiesta la gente que no sabemos manejar del todo. En vez de pensar: “Tengo que abrir la puerta del todo o no estaré haciendo bien”, empezamos con la poderosa intención de no dejar de abrir esa puerta y, poco a poco, vamos conectando con una acumulación de fuerza interior y coraje que teníamos sin saberlo.
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Abrir la puerta refleja nuestra intención de quitarnos la armadura, arrancarnos la máscara y enfrentarnos a nuestros miedos. Solo podemos ayudar a otros hasta el punto que estemos dispuestos a enfrentarnos a nuestros propios miedos. Así que adquirimos el compromiso de que, durante el resto de nuestras vidas, nos vamos a entrenar para liberarnos de la tiranía de nuestra propia reactividad, nuestros propios mecanismos de supervivencia, nuestras propensiones a vernos atrapados.
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No es que no vayamos a experimentar esos sentimientos de nuevo. El desasosiego fundamental seguirá surgiendo una y otra vez, pero cuando surja no vamos a reaccionar exageradamente ante él, no vamos a dejar que gobierne nuestras vidas. Una vez le pregunté a Dzigar Kongtrül acerca de esto y él me respondió: “Sí, yo sigo teniendo esos sentimientos, pero no me veo atrapado por ellos”. Por lo que parece, él ya no teme el miedo.”
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