lunes, 30 de mayo de 2016

PDF 'EL HOMBRE MÁS RICO DEL MUNDO


ESTUDIOS MUESTRAN QUE LA SOLEDAD ES ALTAMENTE DAÑINA PARA LA SALUD... Y SIN EMBARGO...


Estudios muestran que la soledad es altamente dañina para la salud... y sin embargo, existe cierta soledad que encumbra al espíritu.
  

El ser humano es un ser social, un animal político (es decir, un animal que vive y se desarrolla entre muchos, en una polis), pero también es un ser equipado para ir más allá de la sociedad y de la política y trascender las condiciones de su entorno social. Aquí yace una dualidad relativamente fundamental en torno al principio de soledad en el ser humano. Por una parte la vida en sociedad --sobre todo sus partes más dulces-- constituye una especie de necesidad básica en la pirámide existencial y en su ausencia se generan contrariedades que afectan la salud de un individuo (como veremos más adelante). Por otra parte, un individuo que ha logrado un estado de integración consigo mismo y con el mundo puede llegar a no necesitar de los lazos emocionales que proveen otras personas y que fundamentalmente dotan de sentido (y de ahí sanidad) a la vida de los individuos (de alguna manera el organismo sospecha que es absurdo vivir solamente para la autogratificación del yo). El hombre solitario que no sufre de las necesidades del contacto humano habitual, en realidad no está sólo sino que ha logrado unirse de otra manera con el mundo, usando la metáfora de William James, "como islas conectadas en la profundidad". El hombre que se dedica a la búsqueda de la verdad --y opta por buscar en el interior de su ser-- puede alcanzar una libertad (la libertad que da el conocimiento), la cual lo puede transformar y rendir prácticamente invulnerable a las cuitas mundanas.
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Existen diversos estudios que remarcan la importancia que tienen las relaciones para el ser humano. Uno de los estudios más extensos y citados de los últimos años, realizado por investigadores de Harvard, mostró que el principal indicador para determinar la longevidad y la salud en general de un individuo es la calidad o el grado de intimidad que tiene en sus relaciones. De este estudio que se realizó durante más de 70 años se concluyó que "las conexiones sociales son realmente buenas para nosotros, y que la soledad mata. Resulta que las personas que tienen mayor conexión social a familia, amigos y comunidad, son más felices, son físicamente más sanos y viven más que los que no tienen tan buenas conexiones". 
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Un caso un tanto exótico fue documentado por la doctora Lissa Rankin, quien en su libro Mind Over Medicine: Scientific Proof That You Can Heal Yourself narra la historia de una  comunidad de italianos inmigrantes que manifestaron una estupenda salud por varias generaciones pese a tener una serie de hábitos que hoy en día se consideran poco saludables: comer mucha grasa, fumar, beber, no hacer ejercicio. Al estudiarse el caso se concluyó que la razón por la cual se gozaba de esta salud tan primorosa no estaba en la genética, sino en los hábitos de convivencia estrecha e íntima que los ligaban. Los italianos de Roseto, Pensilvania, tenían la costumbre de comer y cenar juntos todo el tiempo y practicaban una gran apertura emocional. De nuevo, Rankin sugiere que la soledad llena de cortisol el cuerpo y tiene todo tipo de efectos negativos, mientras que la intimidad y las relaciones afectivas tienen un efecto positivo.

Ahora bien, más allá de las estadísticas y de casos como el anterior, están los casos excepcionales de personas que logran vivir una vida plena y feliz --en la cual la salud no es ningún impedimento-- pese a tener una vida mayormente solitaria. ¿Qué es lo que permite que ciertas personas puedan vivir bien sin alimentarse de las demás personas? Creo que aquí tenemos que coincidir con el doctor Victor Frankl, quien en su paso por los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial desarrolló la hipótesis de que el sentido o el significado es el elemento vital para la salud y el bienestar de un ser humano. Una persona que no tiene alguien por quién vivir tiende a deprimirse y a establecer una serie de conductas que merman su salud, a menos de que tenga algo por qué vivir. Encontramos en la historia grandes artistas y religiosos que han llevado una vida solitaria y sin embargo han sido dichosos. Evidentemente, estas personas tenían un sentido de vida y sus vidas estaban llena de significado. La copa del agua de la vida puede llenarse de distintas formas, algunas materiales, algunas emocionales y otras espirituales. 
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En su libro The Attention Revolution, el traductor de textos tibetanos y experto meditador Alan Wallace señala:
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Desde la perspectiva de la psicología moderna, el hecho de que los contemplativos puedan vivir en soledad por años sin caer en la depresión, apatía o tumulto mental es asombroso. Los contemplativos son capaces de hacer esto debido a que encuentran y sostienen una fuente interna de serenidad que alivia a la mente y al cuerpo de tal forma que toda sensación de ansiedad y expectativa se evaporan. Al establecerse profundamente en la luminosa y tranquila quietud de la conciencia de sí, una fuente interna de bienestar genuino emerge y disipa toda sensación de soledad, depresión o trastorno mental. 

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La filosofía antigua ligaba la soledad al temperamento melancólico-saturnino. Nos dice Marsilio Ficino, el gran platonista florentino, que el hombre tocado por el rayo de Saturno se inclinará a la soledad, a la contemplación y al estudio. Y si bien existe un riesgo en esto, el melancólico, tradicionalmente, es el hombre de genio. Saturno (Cronos), gobernador del hombre solitario, es el planeta que yace al límite del tiempo y de la mente en el viejo sistema astrológico, colindando con las esferas divinas y por lo tanto la antigüedad y el renacimiento consideraron que la mente saturnina es la más alta, ya que se ocupa de la contemplación de las verdades supremas y se aleja del mundanal ruido y los aspectos más efímeros y veleidosos: su naturaleza le permite trascender las atracciones, tentaciones y corrupciones del mundo, simbolizadas en el esquema hermético por las cualidades que infunden los otros seis planetas, como son el ego, la lujuria, el deseo de éxito, etc. Para algunas de estas personas melancólicas-saturninas la soledad, por diferentes períodos de vida, puede ser una necesidad y en ella incluso puede estar su fuerza, una nutritiva planta que sólo crece en la sombra.   
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Recordemos también la definición por excelencia de la labor mística con la que Plotinio describió lo que era la vida humana y su proceso de reintegración con lo divino: "El vuelo del solo al Solo". Aquí el énfasis está en que el alma se separa de la unidad ("cae" por así decirlo a un confinamiento solitario) para vivir intensa aunque ilusoriamente una experiencia de individualidad y posteriormente regresar a esa unidad, lo que llama el Uno, que está más allá del tiempo y el espacio y de todo lo concebible, y por lo tanto es solitario. Algunos traductores han vertido esta frase como "escape en soledad hacia el Solitario" y sugieren que implica también una cierta renuncia al mundo para purificarse y aumentar la capacidad contemplativa, una concentración en lo esencial del ser. El mismo Plotino en uno de sus ensayos señala que se tiene una visión del Bien cuando "se es más uno mismo" (es por la unidad que podemos conocer la Unidad). Esta forma de concebir al solitario puede expresarse mejor en inglés con la palabra "alone", que confiere también la idea de "all-one", todo uno; un aspecto de integración con el todo que podemos lograr, en la psicología jungiana, paradójicamente, sólo a través de la individuación. Acaso porque, como sugieren los místicos de todas las religiones, nuestra verdadera identidad no es la de individuos separados, personas o egos meramente, sino la de pequeños universos o mónadas que contienen la totalidad y por ello quien se conoce a sí mismo conoce al universo y a los dioses.
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Quizás no es está de más recordar que las palabras "monje" y "monasterio", vienen de "mono", es decir "solo" (o uno) y de aquí que se entienda que el monje es quien "vive solo". Así, la soledad está embebida en la profundidad de la disciplina religiosa. Kevin Corrigan en un artículo sobre el misticismo solitario de Plotino da esta definición de la palabra "monachos" (monje): "significa la pureza de la adoración de Dios y la vida unificada, indivisa, que unifica por una recolección sin distracción que lleva a la mónada deiforme". 


Tenemos también los famosos casos de los monjes budistas y santos taoístas que se convierten en ermitaños, los cuales han sido celebrados en las tradiciones orientales con la más sincera admiración, y a los cuales se les atribuyen verdaderas hazañas del dominio de la mente y el cuerpo y la más profunda devoción y compasión al mundo. Un caso notable es el de Longchen Rabjam, uno de los más grandes maestros del budismo tibetano y a mi juicio uno de los grandes poetas místicos de la historia. Longchenpa (como se le conoce) practicó buena parte de su vida el retiro solitario y eligió modestamente vivir en cuevas y chozas, sin embargo legó una de las obras más extensas y valiosas en la historia de la filosofía y la religión. Cuando lo consideraba correcto, interrumpía su retiro para enseñar. El amor por la naturaleza se fusiona con las facilidades para la vida contemplativa:
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Lejos de las ciudades llenas de entretenimiento, al estar en el bosque, naturalmente se incrementa las absorción pacífica, se armoniza la vida con el dharma, se calma la mente y uno obtiene la dicha suprema.
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Otro famoso solitario, quien, sin embargo, en su retiro encontró una profunda comunión con la naturaleza, Henry David Thoreau, escribió sobre su vida en Walden Pond:
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Me fui al bosque porque quería vivir deliberadamente, y afrontar sólo los aspectos esenciales de la vida y ver si podía aprender lo que tenía que enseñar [la naturaleza] y así no descubrir, cuando llegara el tiempo de morir, que no había vivido.
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Esa es la otra cuestión, que realmente es imposible estar solos (contrariamente a una famosa broma de Borges), todo está lleno de vida, todo habla, todo tiene significado, todo nos vincula con todo y nos sitúa dentro de un proceso mucho más grande que nosotros (que dota de significado a nuestras pequeñas vidas). Esta es la virtud del solitario, del monje, del místico, que descubre una fraternidad que va más allá de toda localidad. Como San Francisco de Asis con los pájaros y las flores, la soledad puede ser una hermandad universal --un reconocimiento de que el uno es el otro (es el mismo)-- y no sólo con las personas que queremos casi por obligación o costumbre. 
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Existe obviamente un profundo riesgo en la soledad, como ocurre con el hombre que va a vivir a la montaña (que tiene siempre presente tanto el cielo como el abismo). La soledad y la renuncia pueden ser una trampa de la mente, que convence al individuo de una suerte de superioridad y de una falsa espiritualidad. Y en esto estaría construyendo su propio laberinto para refugiarse de que no se atreve o no sabe cómo lidiar con el mundo. Los antiguos maestros de la época védica en la India, por ejemplo, hacían toda su vida en sociedad y no era hasta que tenían cierta edad y madurez y habían resuelto todos los asuntos familiares y comunitarios que los ligaban al mundo --resolución que les permitía tener una conciencia tranquila y un karma depurado-- que se retiraban al bosque, donde en los últimos años de su vida buscaban la liberación. La lección aquí es que no hay verdadera espiritualidad sin cumplir con el deber moral --la soledad espiritual en el caso del hombre que no ha logrado sanar sus relaciones es sólo onanismo mental o una forma de escapar de una realidad incómoda. La soledad como ese pico luminoso en la cima del mundo donde el hombre se encuentra con los míticos inmortales o logra esfumarse por su propia cuenta de la vicisitudes del tiempo, paradójicamente, requiere de un amor al mundo y de un estado de paz con las cosas, no de una misantropía o de un hastío. Probablemente, como mantiene el budismo mahayana, la libertad al final deba lograrse con el mundo, no sin él. 
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Twitter del autor: @alepholo

ESTAS 6 SENCILLAS PRÁCTICAS TIENEN DOS COSAS EN COMÚN: TE LLEVARÁN A UN ESTADO DE CALMA Y, POR OTRO LADO, SU EFECTO ESTÁ SUSTENTADO EN INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS


ENVIADO POR MAYA
Las cosas pueden cambiar de un instante a otro, eso lo sabemos bien. En cierto momento nos sentimos bien, alegres quizá, contentos, satisfechos y al siguiente, por una circunstancia inesperada, nuestro ánimo puede virar hacia el otro extremo, sentirnos enojados, frustrados, impotentes.
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Pero si esto sucede así, ¿no será posible también ejercer una suerte de influencia sobre nuestra propia realidad y hackear ese marco mental?
A continuación compartimos seis prácticas orientadas a dicho propósito, todas con un denominador común: poseen un estudio científico que respalda sus efectos como remedio contra el estrés, la tensión y, en general, contra todo aquello que puede generar la impresión de tener un mal día.


Respira profundamente
La respiración es una de las formas más efectivas pero, sobre todo, más al alcance e instantáneas de combatir el estrés. La respiración lenta y profunda reduce de inmediato el ritmo cardíaco y la presión sanguínea, lo cual trae calma inmediata a nuestro cuerpo y nuestro estado de ánimo.
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Cómo hacerlo: Llena tus pulmones con tanto aire como puedas y siempre sintiéndote cómodo. Infla tu estómago hasta la cuenta de 5 y después libera lentamente el aire, de nuevo contando hasta 5.

Aprieta y libera
Por instinto, cuanto estamos estresados tensamos ciertos músculos de nuestro cuerpo. De hecho, antes de que el vocablo “estrés” se populariza en el habla hispana era usual hablar de “tensión”, pues coloquialmente pero también a un nivel de inconsciente colectivo la preocupación, el enojo, la angustia y otros estados de ánimo negativos se han asociado con esta respuesta corporal.

Sin embargo, así como involuntariamente tensamos nuestros músculos, conscientemente podemoshackear esta reacción destensándolos, y así poder recuperar cierta tranquilidad.

Cómo hacerlo: Tensa tu cuerpo a propósito y después libera esa tensión. Repite varias veces hasta que te sientas auténticamente relajado.
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Escucha música clásica
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En el marco de la mitología griega se cuenta que con la música que salía de su lira Orfeo era capaz de calmar a las bestias salvajes, incluido el mismísimo Cerbero, el perro guardián del inframundo, a quien durmió con su canto.

La ciencia moderna no ha explicado esta capacidad legendaria de Orfeo, pero sí ha demostrado que la música de ritmos lentos puede reducir el estrés e incluso generar un efecto positivo en la salud cardíaca.

Cómo hacerlo: Sólo elige una pieza y escúchala. A manera de comentario editorial es necesario decir que aunque desde la generalización se habla de “música clásica” como un género más o menos homogéneo y similar, lo cierto es que dentro de éste los tipos de composición, temperamentos y efectos que ejercen sobre quien la escucha, pueden ser muy diversos. El Concierto para violín de Alban Berg, por ejemplo, es música clásica, pero también puede crispar los nervios de una sensibilidad poco habituada a esos sonidos. O, en otro sentido, puede ser que una composición más que tranquilizarnos nos deprima o desate aún más nuestra ansiedad. Con la música, nos dice Slavoj Zizek, siempre hay que tener cuidado, pues es capaz de sacar a flote nuestras pasiones más profundas.
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Con todo, en este asunto es difícil recomendar tal o cual compositor. Los grandes exploraron prácticamente todo el espectro de las emociones humanas, de la alegría a la tristeza, y aun alguien como Mozart, a quien músicos tan opuestos como Nikolaus Harnoncourt y Pierre Boulez califican de “jovial”, tiene sus propias composiciones que planean bajo, por las zonas oscuras del espíritu.

En este sentido quizá la única recomendación sea estar guiados por la curiosidad, gusto y respuesta propios.
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Camina
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Otro recurso sumamente asequible y sencillo de poner en práctica: las caminatas breves, espontáneas y sin rumbo definido. Además de despejar nuestra mente, las caminatas son una forma de ejercicio moderadoque reduce significativamente los niveles de cortisol en la sangre, una de las hormonas encargadas de provocar reacciones del estrés como el aumento del ritmo cardíaco o de los niveles de adrenalina.

Cómo hacerlo: Sólo sal a caminar y ya. En la medida de lo posible, en un área donde puedas tener contacto con la naturaleza. Y también, si puedes, haz de esto un hábito.
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Lee un libro
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Leer es una práctica capaz de calmar los nervios más tensos. Quizá no con la inmediatez que tienen las otras que hemos indicado, pero sí de manera igual de efectiva. En buena parte, porque depende de la disposición a la que llevamos el cuerpo para realizar la acción: tomar el libro, arrellanarnos en un asiento cómodo, dejar que la mente se concentre en un tema ficticio (lo cual en cierta forma es como llevarla a un paseo), etc. Por eso, según algunos estudios, leer relaja y tranquiliza.
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Cómo hacerlo: Básicamente, como dijimos en el párrafo anterior. Elige un libro, un lugar cómodo para leerlo y suelta un poco tu mente para que salga de la tensión y se coloque más bien en el ánimo necesario para concentrarte en la lectura. En cuanto a ésta, quizá lo mejor sea tomar una obra de ficción, cualquiera, pues a diferencia de la música, es muy probable que cualquier ejemplar simplemente te distraiga (lo que, después de todo, es un poco el propósito). Autores muy rebuscados o profundos (exigentes) –digamos Alejo Carpentier, José Lezama Lima, Juan Carlos Onetti, Kafka mismo– pueden lograr o el efecto contrario o que te des cuenta de que después de 10 o 15 minutos “leyendo” la verdad es que no has comprendido nada y sólo estuviste recorriendo líneas de palabras sin de verdad ponerles atención.
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Haz nuevos amigos
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Hace poco la Universidad de Harvard publicó un estudio que, de algún modo, confirma algo que ya se intuía cultural y subjetivamente: que tener amigos, estar con amigos, fomentar vínculos amistosos también tiene efectos positivos en la salud, y no sólo psicológicos y sociales. En especial, tal parece que el sistema circulatorio se beneficia claramente de los amigos, pues en una situación amistosa la presión sanguínea se mantiene en niveles óptimos y los vasos sanguíneos permanecen relajados.
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Cómo hacerlo: En este punto la recomendación es sencilla pero quizá no muy fácil de ejecutar. Un amigo, lo sabemos bien, no se hace de un instante para otro, pero sí es cierto que ser amistoso/a depende de cada uno de nosotros. Y quién sabe, quizá en uno de esos vínculos surgirá alguien a quien podremos considerar como una nueva amistad
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sábado, 28 de mayo de 2016

SEGÚN LA PSICOLOGIA, UNO DE LOS MEJORES TRUCOS PARA SER FELIZ, ES SER GENEROSO.

Enviado por Maya
El Huffington Post  |  Por Jacqueline Howard 
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Después de un mal día, somos muchos los que buscamos consuelo, por ejemplo, yendo de compras, comiendo nuestro postre favorito o saliendo con amigos.
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No obstante, un nuevo estudio publicado hace unos días en la revista estadounidense Emotion sugiere que los regalitos que nos hacemos a nosotros mismos apenas nos suben el ánimo.
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Lo que sí lo hace, en cambio, son los actos de generosidad dirigidos a los demás. Esos gestos amables hacen que nos sintamos mejor, explica la doctora Katherine Nelson, experta en Psicología de la Universidad del Sur de Sewanee (Tennessee, Estados Unidos) y principal autora del estudio.
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Cuando sólo nos ocupamos de nosotros, no constatamos ninguna mejora de las emociones.
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"Me esperaba unos resultados que mostraran que los comportamientos prosociales llevan a la gente a sentir más emociones positivas y, por tanto, a sentirse más realizados", añade.
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"Sin embargo, me sorprendió ver que cuando sólo nos ocupamos de nosotros, no constatamos ninguna mejora de las emociones positivas o negativas, ni plenitud psicológica. Me parece importante, porque a menudo se anima a la gente a‘darse pequeños caprichos para sentirse mejor, pero nuestros resultados sugieren que lo mejor que podemos hacer es complacer a alguien".
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En el estudio participaron 473 voluntarios divididos en cuatro grupos, que tenían que cumplir diferentes tareas en un período de seis semanas. El primero tenía que hacer algo por mejorar el mundo, como por ejemplo, recoger basura. El segundo grupo debía mostrarse atento con otras personas: pagar un café a un amigo, ayudar a un familiar a preparar la cena, etcétera. El tercero tenía que darse un capricho, por ejemplo, cogiéndose un día de vacaciones. El cuarto y último servía de testigo y no cambió nada de su día a día.
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Los participantes rellenaron un cuestionario antes y después del estudio para evaluar su nivel de bienestar psicológico, afectivo y social. A lo largo del estudio, también anotaron sus propias emociones positivas y negativas.
Los participantes que habían sido más atentos, ya fuera con alguien en concreto o con el mundo en general, notaron una mejora en su ánimo.
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Los investigadores revelaron que los participantes que habían sido más atentos, ya fuera con alguien en concreto o con el mundo en general, notaron una mejora en su ánimo en una mayor proporción que los que habían tenido un comportamiento neutro o centrado en sí mismos.
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Por otro lado, las personas que sólo tenían que preocuparse de sí mismas no notaron mejora en su bienestar ni ninguna emoción positiva.
"Hacer algo por los demás permite sentir más emociones positivas, como alegría, satisfacción y amor", indica la doctora Nelson. "La gente, al mostrarse atenta con los demás, suele sentirse mejor mentalmente. Por eso cultivamos las relaciones sociales o nos sentimos valorados cuando realizamos una buena acción".
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Varios estudios anteriores demostraron que las pequeñas atenciones pueden contribuir no sólo a nuestra salud mental, sino también a nuestro bienestar físico. Algunos apuntan que una actitud altruista puede reducir la tensión arterial y el nivel ....
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El doctor Dacher Keltner, profesor de Psicología de la Universidad de California en Berkeley, que no participaba en este nuevo estudio, explica que estos gestos atentos activan la secreción de dopamina (un neurotransmisor que provoca euforia) en el cerebro, dándonos así la impresión de contribuir al bienestar general.
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"Este estudio es realmente importante", concluye el doctor Keltner, autor de The Power Paradox: How We Gain and Lose Influence [La paradoja del poder: cómo ganamos y perdemos influencia], "pues se añade a los que indican que el hecho de concentrarse en el bienestar de los demás mejora nuestro propio estado, al contrario del mito que dice que para llevar una buena vida es necesario centrarse en uno mismo".
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Este artículo fue publicado originalmente en la edición estadounide... y ha sido traducido por Marina Velasco Serrano
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